Quiero mojar tu cuerpo con mi sangre,
¡Argentina, mi reina...!
No me propongas ir, tras esos mares,
a repartir mi canto a otras estrellas;
quiero hilvanar tus calles tropicales
con la pasión sureña de mis hebras.
Reniegas no lucir las cimitarras
que ostentan corazones de otras tierras,
mas, sin embargo, tienes mi guitarra
para beberte toda, cuerda a cuerda.
¡Dime, ya sobre el filo de
la noche:
si esta canción no es la que tú esperas!
Si me permites, Patria de esperanzas,
te haré caer los tules en la arena,
para que te perfumen mis romanzas
y alcen sobre tus curvas la frontera.
Quiero decirte, ahora que me incitas
a perseguir el oro de otra esfera,
que no me marcharé; tengo una cita...